domingo, 13 de abril de 2008

A propósito de Caliao y la empantanada política regional

¿En manos de quién está la gestión del agua en Asturias? ¿Por qué la ineptitud de un Gobierno y sus gestores pretenden saldarla con la pérdida del importante patrimonio natural y social que es el valle del río Caliao? ¿Quién necesita agua en Asturias? Artículo de Gloria García Nieto, integrante de la Plataforma

Un dato: según el diario La Nueva España (18/10/07), Asturias es la única comunidad autónoma del Estado que aumenta su consumo de agua (las demás lo reducen progresivamente, incluso aumentando sustancialmente su población y tejido industrial, algo que no ocurre en Asturias).

¿En manos de quién está la gestión del agua en Asturias? ¿Por qué la ineptitud de un Gobierno y sus gestores pretenden saldarla con la pérdida del importante patrimonio natural y social que es el valle del río Caliao? ¿Quién necesita agua en Asturias? En torno al 50 por ciento del agua potable consumida en Asturias lo es por las industrias y los servicios urbanos de riegos, baldeos y mantenimiento de instalaciones. A esto hay que añadir el bastante más del 20 por ciento de pérdidas en la red de distribución por averías e instalaciones obsoletas.

Se construyen costosísimos emisarios submarinos de decenas de kilómetros para deshacernos de aguas depuradas que podrían ser reutilizadas para infinidad de procesos. Y quieren hacernos creer que lo mejor es construir una nueva presa en el Alto Nalón para que el abastecimiento de la Asturias central (más del 80 por ciento de la población) dependa de un único sistema Caliao-Tanes-Rioseco. ¿Qué pasaría si un día hay un «accidente» en el sistema...? En el mejor de los casos, la mayor parte de Asturias se quedaría sin agua y en el peor... ¡mejor no pensarlo! Bien parece que en Asturias la ciencia y la ingeniería siguen trabajando para que alguien inaugure pantanos y se lucren los de siempre y no al servicio de un desarrollo sostenible... El agua no es un recurso, es un negocio económico y/o político en manos interesadas.

La nueva cabeza de CADASA (en la que, por simplificar, condenso a todos los insensatos padrinos del embalse), el señor Suárez Marcos (primera impresión captada a través del programa televisivo «CQC» emitido el 24/10/07: buen siervo para tal señor), tiene que darse un poco de prisa para ponerse al día sobre los sistemas de abastecimiento urbano en la actualidad -le permitimos que empiece por el final del temario-; la Directiva Marco del Agua de la UE está en vigor desde el 2000 y usted todavía va por la mitad del siglo XX. Deplorable escucharle decir que todas las ciudades aumentan consumos ¿es que no sabe que más allá de los límites de Asturias hay otras gentes que habitan otras ciudades con otras políticas del agua mucho más eficaces y sensatas? Incluso le podemos recomendar buena bibliografía al respecto, por ejemplo los informes e investigaciones de contrastada solvencia científica que publica la Fundación Nueva Cultura del Agua. No ruborizado, pero sí un poco azorado, le vimos cuando dijo que «otras alternativas serían menos económicas y de menor calidad». Y es que para decir eso con un poco de seriedad y de sentido, primero haría falta saber con nitidez -y está claro que no quiere saberlo- quién consume agua, de qué calidad y cuánta necesita -no cuánta le apetece-: la siderurgia y otras industrias no alimentarias y parques empresariales, la ganadería, muchas instalaciones sociales y de ocio y las calles y jardines no necesitan agua de boca y muchas actividades domésticas tampoco.

Es posible que depurar, reutilizar, instalar circuitos cerrados y dobles redes de abastecimiento (reciclada y de boca), renovar redes e instalaciones para que sean más eficientes y concienciar -mediante una adecuada política de recuperación de costes- de la necesidad del un consumo responsable sean medidas «más caras» que hacer un embalse, pero son medidas rentables socialmente, de inversión en futuro, de gestión sostenible, mientras que el embalse es una opción obsoleta, propia del hidraulismo del siglo pasado, sólo rentable para quien lo va a construir y a explotar energéticamente, que lejos de ser una solución, apenas llega a ser un parche, además de provocar un gravísimo impacto ambiental en un espacio y un tiempo que ya debería estar en la senda de la conservación (los nuevos planes hidrológicos de cuenca que se empiezan a discutir deben recoger los mandatos de la Directiva Marco y ésta es taxativa al respecto: los ríos ya no permiten más agresiones, la recuperación de costes es ineludible y la participación pública en el proceso es obligada).

Se pretende construir un embalse en base a una planificación ya caduca y sin haberse revisado los criterios de partida. Es imprescindible hacer una rigurosa evaluación de los recursos disponibles y de la gestión del agua en Asturias en los últimos diez años (por lo menos la duración del último plan hidrológico de cuenca) antes de plantearse si se necesitan nuevas infraestructuras, porque es más que probable que lo que necesitemos sea una nueva gestión.

Y ya la mentira se convierte en insulto cuando se atreve a decir que llevan veinte años intentando ahorrar agua: la única medida conocida que aprobó poner en marcha CADASA se les olvidó en un cajón y tan sólo consistía en una «recomendación de ahorro».

La jactancia de sus sinrazones empieza a desbordar el vaso de nuestra sensata y razonada oposición a su empantanado sueño. Y no se equivoquen: no sólo nos preocupa el impacto ambiental, nos preocupa, y mucho, la ineptitud de los políticos y gestores que hay detrás (que ojalá no vaya acompañada además de «marbellización a la asturiana»).

Y ya, de paso, nos gustaría saber el «precio» que tiene el valle de Caliao en todas sus dimensiones (como patrimonio natural, social y emocional de Asturias) para esta gente que piensa que la opción «más barata» es el embalse.