martes, 6 de mayo de 2008

Manifiesto de profesoras y profesores de la Universidad de Oviedo dentro de las Jornadas



MANIFIESTO
Por una nueva cultura del agua y en defensa del patrimonio natural del Parque de Redes

No sólo los residuos gaseosos de efecto invernadero son los que ponen en tela de juicio nuestro modelo de producción y consumo, sino que otras muchas actuaciones humanas están degradando los ecosistemas naturales de tal manera que es urgente desarrollar otras políticas que los alteren en la menor medida posible. Esto requiere actuar, desde hoy, con perspectiva de futuro en todo el sector productivo, imprimiendo el sello de la sostenibilidad y la justicia social, porque ambas cuestiones van unidas; la escasez de recursos en un sistema de mercado discrimina a las clases más humildes, que no pueden pagar los precios cada vez más elevados. La perspectiva con la que debemos trabajar es la que entiende que el sistema económico es un subsistema de la naturaleza, invirtiendo la concepción con la que se ha actuado hasta ahora.


Asturias forma parte de la denominada España verde; ello se debe a que existe una alta pluviometría que puede satisfacer las necesidades hídricas que nuestro paisaje requiere, y así se desarrollan ecosistemas asociados al río, a los valles boscosos de nuestras montañas, a las desembocaduras de nuestros cursos fluviales, etcétera.


¿Se puede seguir manteniendo el mito de que un río es excedentario y que puede funcionar con el llamado «caudal ecológico» definido como el 10% del caudal medio interanual? A ningún río le sobra agua, somos los seres humanos quienes hemos de extraer la menor cantidad posible para satisfacer nuestras necesidades, y para ello deberíamos olvidarnos de la política hidraulista que se ha hecho hasta ahora y que algunos quieren seguir desarrollando en nuestra región con el impulso de más infraestructuras hidráulicas, como son, entre otras, la presa de Caliao.


Las nuevas políticas del agua, que ya se han comenzado a aplicar en algunos municipios y ciudades del resto del Estado, plantean otras formas de acceso al agua por parte de la población y del sistema económico que alteren lo mínimo posible los ecosistemas asociados al río mediante la implantación de medidas de eficiencia, ahorro y reutilización. En todos los lugares donde se implantaron políticas que podríamos enunciar como de Nueva Cultura del Agua se produjeron significativos descensos en los consumos. La campaña «Catalunya Estalvia Aigua» (Cataluña ahorra agua), desarrollada entre marzo de 2002 y julio de 2004 en forma de prueba piloto en tres municipios catalanes, concluyó con ahorros de entre el 4 y el 19%, dependiendo del tipo de instalación ahorradora y del consumo inicial de la vivienda. En Aragón, el proyecto «Zaragoza, ciudad ahorradora de agua», desarrollado por la Fundación Ecología y Desarrollo, logró en un año, entre otros objetivos, disminuir el consumo doméstico de la ciudad un 5,6%.


Pero en Asturias, ¿qué medidas se han tomado en los últimos años para evitar los elevados cantidades de agua que se pierden en la red (del 24%, superiores al 21,79% de media nacional)?, ¿qué medidas de fomento del ahorro, tanto doméstico como industrial, se han llevado a cabo? Un ejemplo: no todas las necesidades de agua requieren la misma calidad: el agua para ingesta o para algunos procesos industriales la requieren muy buena, pero ¿no se podrían utilizar aguas depuradas o reutilizarlas para el regadío de parques y jardines, para el riego de calles o para determinadas actividades industriales? ¿Por qué no se estudian los posibles usos del agua de las depuradoras de Gijón y Avilés en vez de construir carísimos emisarios submarinos para alejarla de la costa? La posible utilización de las aguas de minas abandonadas requiere inversiones en estudios sobre su calidad; la instalación de pozos de sequía para atender demandas de abastecimiento urbano durante períodos de estiaje prolongado requiere estudiar con detalle los acuíferos, abundantes en la mayor parte de la zona centrooriental de la región. Todas las posibilidades expuestas, sumadas a las actuales infraestructuras, permitirían garantizar de una forma más descentralizada el abastecimiento de agua en Asturias.


Entre los argumentos utilizados por los promotores del embalse de Caliao se dice que responde al interés general, ya que, de no construirse, Asturias podría sufrir desabastecimiento en la hipótesis de un período prolongado de sequía, advirtiendo de que llevamos seis años por debajo de la llamada «curva de garantía». Pero, ¿qué cantidad de agua deberíamos tener acumulada para no estar expuestos a ninguna eventualidad? En Asturias existe una media de consumo de 172 litros por persona y día, superior a la media española de 165 litros (datos del INE para el año 2004), pero hay zonas de Estados Unidos donde se producen consumos de 800 litros ¿Acaso no existirían problemas de abastecimiento, incluso si se construyera la presa, si en Asturias alcanzáramos un consumo similar al de estas zonas de EE.UU.?


No es posible proporcionar todo el agua que se pueda desear, porque es un bien limitado, y una política sostenible debe asumir esa realidad mediante una gestión basada en una extracción de agua que cause el menor impacto posible a los ecosistemas naturales y en desarrollar actividades económicas que respondan a esos criterios, por lo que es imprescindible “gestionar el recurso” (agua) y no sólo “satisfacer la demanda”, evitando así que ésta derive de la necesidad a la apetencia. Si potenciamos un turismo masivo en nuestras costas, los consumos de agua se dispararán precisamente en los períodos de máximo estiaje y si, además se potencian las urbanizaciones con campos de golf a modo de jardín -que consumirán en los períodos secos como una pequeña ciudad de 10.000 habitantes-, difícilmente existirá alguna política del agua que lo resista.


El interés general no puede venir marcado por las élites económicas bajo el pretexto del incremento del PIB mientras realizan sus negocios con el cemento, el hormigón y la producción de energía eléctrica, destruyendo valles que son un patrimonio natural de gran valor y elementos fundamentales de satisfacción de las necesidades emocionales (y materiales) de muchas personas, a la vez que se hace imposible para el futuro un uso del territorio para actividades tan fundamentales como la agricultura y ganadería ecológicas.


Se ve con buenos ojos la construcción de nuevas autovías a propuesta de los empresarios de la construcción, que las consideran «necesarias para Asturias», pero poco se dice (y menos se hace) sobre el desarrollo rural, tan necesario para evitar el despoblamiento del campo; o sobre el impulso al transporte público, cuando se sabe que uno de los grandes responsables del cambio climático es el uso masivo del automóvil; no se menciona (o sólo eso: se menciona) ningún proyecto relacionado con el ahorro y la eficiencia energética o hidráulica. Todos esos proyectos, a los que se intenta maquillar de «verdes», reflejan la concepción que realmente se tiene del desarrollo calificado de sostenible cuando se continúan invirtiendo grandes cantidades de dinero en el mismo tipo de políticas que han llevado al planeta a la degradación actual.


Por todo ello, las y los miembros de la Universidad de Oviedo abajo firmantes, consideramos insostenible la propuesta de construcción de un nuevo embalse dentro del Parque Natural de Redes, en el valle del río Caliao, zona incluida en la Red Natura 2000 como ZEPA y LIC, además de haber sido declarada Reserva de la Biosfera. Pedimos un cambio en la política del agua en la que ésta sea considerada mucho más que un recurso del que obtener beneficio económico y tenga en cuenta sus valores socioculturales, identitarios y emocionales, una política que esté presidida por los principios de equidad y sostenibilidad y así lo queremos hacer constar.